
No querer mirar y aún así sentir el dolor de las astillas clavándose despacio entre los dedos. Nunca la sangre estuvo tan caliente sobre el metal oxidado de los columpios. Y el suelo desde esa altura parece extrañamente lejos y el vértigo asusta como nunca antes lo habían logrado otros métodos de vuelo . Hay días en los que el cerebro se retrae en busca de respuestas. Y tal vez entonces resulta frecuente admitir que todo suele quedarse en blanco, a la espera de que alguien por una vez comprenda sin necesidad de desaparecer.
Es una pena no entender el idioma del cuerpo antes del suicidio.