
No querer mirar y aún así sentir el dolor de las astillas clavándose despacio entre los dedos. Nunca la sangre estuvo tan caliente sobre el metal oxidado de los columpios. Y el suelo desde esa altura parece extrañamente lejos y el vértigo asusta como nunca antes lo habían logrado otros métodos de vuelo . Hay días en los que el cerebro se retrae en busca de respuestas. Y tal vez entonces resulta frecuente admitir que todo suele quedarse en blanco, a la espera de que alguien por una vez comprenda sin necesidad de desaparecer.
Es una pena no entender el idioma del cuerpo antes del suicidio.
cerrar los ojos para irte
o hacerlo para que todo lo demás
desaparezca
es lo mismo
el encuentro entre ambas orillas del párpado
es inminente
la caida desde lo alto del columpio
sólo es amortiguada
por la suavidad de las sonrisas